• Psicoterapeuta Claudia Garibay

Perspectivas clave sobre el suicidio

– El suicidio parece ser una conducta inevitable. Cuando una persona decide cometerlo, por lo general lo logra, aunque le lleve tiempo.


– Es una especie de urgencia vital en la que confluyen factores de desmotivación y desesperanza, con carencia de redes de apoyo afectivo y sociales.


– Se debe a un conjunto de factores: genéticos, psicológicos y ambientales.


– Componentes básicos del suicidio: emocionales (sufrimiento intenso), conductuales (carencia de recursos psicológicos para hacer frente al sufrimiento), cognitivos (desesperanza profunda ante el futuro y percepción de la muerte como única salida).


– Se trata de un comportamiento, de una forma de enfrentarse a la vida ante situaciones dolorosas extremas que pueden ser incluso incapacitantes.


– Sus causas son múltiples y complejas, y aparecen siempre entrelazadas: pérdida de seres queridos, discusiones, pobreza, desempleo, ruptura de relaciones amorosas e interpersonales, antecedentes familiares de suicidio, uso y abuso de alcohol y estupefacientes, maltratos, violencia, desamparo, sensación de fracaso, reproche y soledad, abandono afectivo, frustraciones frecuentes (no aceptación social y autoaceptación de identidad sexual, fracaso escolar, acoso), baja autoestima, abuso sexual, aislamiento social, culpabilidad extrema, humillación, inestabilidad emocional y dependencia, baja autoestima, impulsividad extrema y autoagresión, deterioro cognitivo y trastornos mentales como depresión, la esquizofrenia, la bipolaridad; además de enfermedades dolorosas y terminales.


– Aunque se logra más en hombres que en mujeres; estas cometen más intentos. La literatura académica revela que por lo general son de baja letalidad y por ello se les vincula con llamados de atención relacionados con problemas interpersonales. En el caso de los hombres debido a su incapacidad cultural para liberar las cargas de sufrimiento a través del habla, tensiones y estrés laboral y soledad.


– La lógica del suicidio está soportada en la visión de túnel o única salida y la garantía del cese del sufrimiento.


– Suele planearse en secreto, aunque en los inicios del periodo de ideación suicida es posible que se expliciten deseos de autodestrucción. El riesgo aumenta cuando la persona parece tranquilizarse.


– En ese periodo de tranquilidad, cesa la ambivalencia que normalmente le precede en forma de dudas sobre si matarse o no, haciendo desaparecer la lucha interior. Esto por lo general es un indicador de que la decisión del suicidio está tomada y pasa a la fase de ejecución. La fase de ejecución es rápida porque el proceso de ideación suicida, aun con sus divergencias, contempla por lo general también la planeación del acto suicida.


– Precisamente el riesgo suicida se clasifica en función de lo anterior: leve (sin planes concretos y autocrítica), moderado (planes y posibles antecedentes de intentos previos de baja letalidad), graves (al menos un intento previo de alta letalidad, idea concreta de hacerse daño sin rectificar y sentimientos de desesperanza, rechazo del apoyo social y visión de túnel); extremo (varios intentos suicidas de alta letalidad).


– La literatura académica documenta además dos tipos de suicidio atípico: el altruista o trágico (evita el sufrimiento propio y el de los demás ante situaciones devastadoras), el utilitario o heroico (persigue y trata de lograr un objetivo en el entorno).


– Los tipos de suicidio que se reconocen clínicamente son: el consumado, el frustrado y el parasuicidio. En los dos primeros casos la intención suicida es inequívoca, sólo que en una se consuma y en la otra, por diversas causas, no; en el suicidio frustrado la persona se arrepiente por no haberlo conseguido. En el caso del parasuicidio no parece haber una intención clara de quitarse la vida, sino más bien un acto de venganza contra alguien o bien una llamada de atención para comprobar el amor. Se trata de una posición ambivalente pues se quiere morir si persiste la situación dolorosa, pero en cuanto esta cesa se celebra no haber muerto.


– Como clasificación clínica aparte está la de equivalentes suicidas. Estas son conductas habituales de exposición voluntaria a situaciones de alto riesgo e incluso extremo que escapan de su control. Beber mucho, manejar muy rápido, etc.


– La ideación suicida parece ser el punto de inflexión en el comportamiento suicida. Consta de tres etapas:

  1. amenazas suicidas (por lo general expresadas en el entorno),

  2. plan suicida (conductas encaminadas a la consecución de la muerte, incluyendo aquí depresión, aislamiento; se conoce esto como una etapa de preparación donde por lo general se establece una lucha interna en la persona), y

  3. ideación suicida (deseo activo y persistente de quitarse la vida por voluntad propia).

– Aunque se halla relacionado con personas que tienen un temperamento muy impulsivo, el suicidio es una conducta pensada de forma muy consciente. A través de estos pensamientos se hace una especie de balance entre los grandes, dolorosos y prolongados esfuerzos por vivir y la pérdida del valor y el sentido de la vida que se sufre. Se trata de un pensamiento profundamente existencial, con una carga fuerte de negatividad y desesperanza, y sin proyección alguna hacia el futuro.


– Lo anterior no evita lo que se conoce como suicidio psicótico que se da de manera espontánea e imprevista y por lo general de forma letal.


– Cómo evitarlo o prevenirlo: relaciones sociales significativas tanto en el ámbito familiar como en el amoroso, amical e interpersonal en general; el apoyo social es fundamental. También ayudan las creencias religiosas o espirituales.


– Es importante prestar atención a los supervivientes. Después de la pérdida suelen invadirles sentimientos de culpa y frustración por no haber podido evitarlo, por no haber podido detectarlo. Además de esto y el dolor de la pérdida, también suelen sentir vergüenza pues el suicidio sigue siendo entendido como una debilidad.


– Factores de protección: autoestima adecuada, flexibilidad cognitiva, control de la impulsividad, estabilidad emocional, reforzamiento de estrategias de afrontamiento sobre todo en lo que respecta a la resolución de conflictos, fortalecimiento de los valores del sujeto (religiosos, espirituales, altruistas), mascotas, hijos pequeños y apoyo familiar y social.


– Las terapias psicológicas deben enfocarse en la escucha empática ya que suele aliviar el malestar emocional.


– Desde el punto de vista cognitivo, se trata de abrir el horizonte y ofrecer opciones, alternativas, y esto hacerlo a través de redes de apoyo real, que busque a la par soluciones para sus problemas. El suicidio es en el fondo un asunto de soledad, de no poder compartir el dolor.


✍ Psicoterapeuta Claudia Garibay

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